Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

nadie es perfecto

Viernes, 22 de julio de 2005

Kilos y neuras

Llevo un tiempo buscando a la desesperada y sin éxito un libro que cita en sus ensayos Lucía Etxebarría: El mito de la belleza, de Naomi Wolf. Según las referencias de Etxebarría, Wolf sostiene la teoría de que el culto a la belleza -o, más concretamente, a un patrón estético determinado- es un método de control social. En la linea del "pan y circo" de los romanos, o de la "religión, opio del pueblo", de Marx. Mientras estemos ocupadas intentando mantener nuestros abdominales marcados, nuestro culo duro y nuestras tetas firmes, no nos dedicaremos a cuestionarnos otras cosas ni a desafiar al poder establecido.

Tengo que reconocer que, a pesar de post como el último en que escribí, criticando la obsesión por la mirada ajena, no me libro de mi porción de neuras acerca del físico. Y, en concreto, acerca de los kilos. Desde que los inicios de mi rechoncha pubertad coincideron con el boom de Kate Moss y similares, (aquellos tiempos en los que parecer recién salida de Auschwith resulta que era super chic, y que confesar que disfrutabas comiendo era más inadmisible que declararte multiorgásmica en la Inglaterra victoriana), me inculcaron la idea de que mi valía era inversamente proporcional a mi talla de pantalón vaquero.

Con los tiempos conseguí que lo que a los quince años era una certeza, un axioma incuestionable, haya pasado a ser un pensamiento molesto desterrado a un rinconcito de mi cerebro, que permanece en letargo la mayor parte del tiempo. Pero no puedo evitar que se despierte y me toque un poco la moral cuando se da una situación propicia para ello.

En el post de "a veces se vive más feliz en la ignorancia", expliqué que el hecho de que "La chica nueva" estuviera más delgada (ergo, más buena) que yo, fue lo que me hizo sentir peor. No se lo confesé a mis amigos, pero durante varios días se me fue por completo el apetito. Culpaba a mi cuerpo, y a mi hambre, de que él la prefiriese a ella, y se me cerraba el estómago por completo. En dos o tres semanas perdí tres o cuatro kilos, lo cual para alguien con un metabolismo más lento que un maratón de cine de Garci, es mucho perder.

Y será una gilipollez, pero S me comentó el otro día que la vio en un bar, el último fin de semana, y que ha engordado bastante. Y de repente no me parece tan temible, ni tan superior a mí, ni tan irresistible. De repente ya no es como si yo fuera un equipo de tercera regional intentando ganarle un partido a un campeón de la champions.

Soy perfectamente consciente de que son pensamientos absurdos. Y de que es el tipo de cosa que, si la hubiera dicho Sn, o V, o S, me habría inspirado para escribir un post kilométrico para rebatirlo punto por punto en plan "jo qué guay soy y qué forma de pensar más especial tengo".

No puedo pasar por alto la probabilidad de que ella le siga gustando igual, aunque engorde 10 kilos más (al fin y al cabo, yo siempre he sido rellenita, así me conoció y así le gusté: ella no tiene por qué ser menos, por más que yo me haya empecinado en que sólo vio a una tía buena que lucir que no le llevaría a ver comedias románticas yankis); tampoco olvido que esto no es un concurso de méritos, ni vamos a ganar por puntos. Qué más da si ahora yo estoy más flaca y ella más gorda, o si ella tiene más experiencia sexual y yo tengo más historia acumulada con él. Estas cosas no se deciden así. Es tan absurdo como las peleas entre rivales que pretenden a la misma persona. Como si por apalizar al novio de tu ex, o de tu amor platónico, ella fuera a descubrir que eres el hombre de su vida. Eso no funciona así.

Y aún así, no puedo negar lo que siento. Por más rabia que me dé a mí misma darle tanta importancia a algo así. Por más que mi parte racional me diga que, si él fuera a descubrir que ella no le llena, lo acabaría sabiendo igual así se pareciera a Angelina Jolie. Por más que sienta que me rebajo al mismo nivel que esas pijas cotillas que creen que si no estás lo bastante buena no eres competencia para ellas. Por más que me avergüence, esto es lo que hay. Y es que cuesta dejar atrás toda una vida de programación mental.

Por: Cora . | General | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Bueno, pues si tú misma reconoces que es absurdo y también que no puedes evitarlo, o tendrías que aprender a evitarlo, sácale rédito a tus manías:

cada vez que tengas un "pensamiento absurdo" echas una monedita de 2 euLo en una hucha. Una vez hayas superado esa manía, tendrías para comparte... no sé... un PC nuevo, o un MP3 de última generación... ¡quién sabe si un coche!. Aunque yo te deseo que cuando tocara abrir la hucha, tuvieras para comprar una bolsa de pistachos, es decir, que lo superaras en una semana. :D

Bueno... esto no quiere decir que no desee que consigas un coche :O Joer, ahora no sé qué aconsejarte :PPPP que te tardes o que no xDDD.

Y finalmenteeeeeeeeee, porquesinolodigoreviennnnto, "axioma incontestable" es una redundancia. Un axioma es una realidad incontestable, de por sí.

Besitos labiales.

(agggg, otra redundanciaaa... me persiguen... :O zocorrooo...)

monocamy | 22-07-2005 16:32:13

Comentar


Recordar datos