Nunca podría escribir aquí si me supiera leída por amigos y parientes. Si lees esto y sospechas que nos conocemos personalmente, no me lo digas nunca...
Bitacoras:
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Martes, 26 de julio de 2005
D y yo empezamos a salir después de varios meses de tira y afloja y de sí pero no, en una fiesta a la que los dos acudimos con la intención de coger el toro por los cuernos, de hablar con el otro y que fuera ahora o nunca. Antes hubo unos meses en los que él quería y yo dudaba, unos cuantos besos una noche que acabamos los dos sólos en el último bar, una cita cancelada por un trabajo de última hora y mes y medio de desconexión, esperando cada uno que el otro diera el primer paso.
Él ya me había dicho aquella primera noche que tenía muy poca experiencia con las mujeres. Que aunque había tenido alguna que otra historia de una noche, nunca había tenido novia. Y mi historial se resumía a una relación de cinco meses y medio muy poco seria (tan poco seria, que hasta que me presentó como "mi chica" a unos amigos, a los dos o tres meses de haber empezado a vernos, y se me había ocurrido plantearme si lo nuestro era una relación o no), y un puñado escaso de rolletes sin mayor trascendencia. Y nunca le había dicho a nadie "te quiero", ni nadie me lo había dicho a mí hasta entonces. Así que nuestra historia tenía por delante mucho territorio virgen por explorar.
A lo mejor por eso, aunque yo tuviera 24 años y él 26, nuestra historia tuvo siempre algo de amor adolescente. Él me dijo una vez, al principio de todo, que lo único que le daba pena era que no nos hubiéramos conocido antes: no haberme encontrado cuando tenía 18 años y la sensación de que no había una chica para él. Y le dije que probablemente entonces no habría funcionado, porque a los 16 yo no era la misma que soy ahora. Tenía la autoestima por los suelos y no habría podido quererle bien ni dejarme querer, si acaso, refugiarme en él.
Le conocí con 24 y no dependía de él, porque ya había estado sola el tiempo suficiente para saber que me las apaño muy bien sin un tío al lado: que si estaba con él es porque le quería a él, y no porque quisiera un novio. Pero a pesar de todo, sí que se desarrolló una cierta adicción. Y aunque quedábamos casi a diario, siempre contaba los minutos para la cita. Y nos costaba separarnos al llegar a mi casa, aunque supiéramos, que, como mucho, íbamos a estar dos días sin vernos. Y, como contaba Susana que le pasó a los 16, yo también iba por la vida con una sonrisa idiota y caminando a varios metros por encima del suelo. Aunque también tuve siempre el temor a que se acabara, a que pasara algo terrible y todo se fuera al carajo, porque no era normal en mi vida tener tanta suerte.
Alguna vez se lo dije: que me costaba creer la suerte que había tenido al conocerle. Y alguna vez me dijo él que yo era lo mejor que le había pasado nunca. Supongo que, como dijo Rosa Montero en uno de sus relatos, no hay mayor fuerza de la naturaleza que el amor desmedido de quien nunca antes se había atrevido a amar.
Y, sin embargo, en otros aspectos era una relación completamente adulta. Los dos éramos plenamente conscientes de que el otro no era perfecto, de que éramos seres humanos con defectos. No éramos celosos, ni posesivos; no renunciábamos a nuestra vida propia (trabajo, amigos, aficiones) por el otro, ni pretendíamos que el otro renunciara a la suya por nosotros. Y siempre pensé que esas cosas serían las que harían que lo nuestro funcionara, las que evitarían que todo se quedara en una historia muy bonita, muy romántica pero muy breve.
Desgraciadamente no pudo ser. Y aunque estoy mejor, y la herida abierta y supurante se ha convertido en una cicatriz que sólo escuece de cuando en cuando, me sigue dando rabia pensar que no pudimos hacer funcionar aquello.
Y hay algo que me dice que, si no lo echa de menos ya, antes o después él también extrañará lo que tuvimos.
Por: Cora . | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Dios... ¿cómo se me pudo olvidar lo del miedo a perderle? ese miedo constante a que pasara cualquier cosa y todo se fuese a tomar por el culo; ese miedo a que de un día para otro se acabase la historia y yo me quedase pensando que fue un sueño.
¿Sabes Cora? en mi caso ese miedo fue real, un día llegué al insti y se acabó todo. No me dio explicaciones, ni razones ni nada sólo un "no es para morirse" que a mi me mató. Coño... todavía me afecta :-)
Me gustó tu historia y ese pequeño párrafo final del que estoy absolutamente segura.
Un abrazo
Su | 26-07-2005 15:49:28
O sea, que ahora estás haciendo lo mismo que estabas haciendo entonces: esperar a que él dé un paso.
:O
Puessssss.... unos por otros, polvo por todas partes. Vamos, la casa sin barrer, quise decir.
:O ;)
Llámalooooooooooooooo
:***
monocamy | 27-07-2005 02:10:59