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Lunes, 26 de septiembre de 2005
El viernes por la noche me tomé la cena viendo el primer programa de la nueva temporada de "Caiga quien Caiga"-por más que, para mí, no sea lo mismo sin Wyoming, Pablo Carbonell y compañía-, y me llamó la atención el reportaje sobre la asociación de farmacéuticos católicos, que por objeción de conciencia se niegan a dispensar preservativos. No deja de llamarme la atención que la conciencia de los católicos practicantes asome siempre que la sexualidad del prójimo está por medio.
Puedo aceptar-aunque me cueste entenderlo a estas alturas-que una persona con unas ideas determinadas decida que, en su vida sexual no quiere recurrir al uso de anticonceptivos. Lo que ya se me atraganta un poco más es que esa persona decida trabajar en un establecimiento que se encarga, entre otras cosas, de dispensar esos productos, e imponga a los consumidores la obligación de secundar su particular cruzada.
Que sí, que vale que los clientes que deseen preservativos pueden buscarse otra farmacia (aunque suponga una gran putada, sobre todo si es de noche y sólo hay una farmacia de guardia en cada punta de la ciudad, o si vives en un pueblo y el único farmacéutico de la zona es objetor). Pero imaginémonos el caso de que en un hospital trabaja un médico testigo de jehová, que debido a sus creencias religiosas, se niega a realizar transfusiones de sangre. ¿Tendría que hacer otro doctor sus guardias, por si se presenta un caso en que sea impresindible recurrir a esa técnica? ¿O aquellos que tengan la mala suerte de sufrir un accidente cuando esté ese médico en urgencias tendrán que apañárselas con la sangre que les quede en las venas, y que dios reparta suerte? No estoy muy puesta en el tema, pero me imagino que la mayoría de hospitales se negarían a aceptar a un cirujano que no esté dispuesto a realizar su trabajo con todas las consecuencias. Si no quieres seguir el proceso, dedícate a otra cosa. Al tratarse de las creencias de un culto minoritario, que a los ojos de la mayoría resultan absurdas y trasnochadas, ¿serían todos igual de tolerantes?
Parece ser, según explicaban en el reportaje, que hay una serie de productos que todas las farmacias están obligadas a expender, mientras que otros, entre los que se incluyen los anticonceptivos, son voluntarios. Claro que la lista fue elaborada, parece ser, en los años sesenta, en plena dictadura franquista, y antes de la aparición del SIDA. ¿No van siendo horas de introducir algunos cambios? ¿Es normal que un farmacéutico tenga derecho a negarnos el acceso al único mecanismo eficaz de prevención de la mayor plaga de los últimos años?
Y que no me venga nadie con eso de que "los progres mucho defendíais la objeción de conciencia para librarse de la mili pero luego se la negáis a otros". Si yo, por principios, soy contraria a la violencia, es factible que me niegue a hacer el servicio militar obligatorio. Otra cosa sería que decidiera voluntariamente ingresar en el ejército profesional (que ya dicen los anuncios que es una estupendísima salida laboral) y especificar que acepto lo de hacer guardias, o viajar a los Balcanes a repartir comida a los niños necesitados, pero que si hay un conflicto bélico casi que paso de ir, porque yo soy pacifista y mi conciencia me impide empuñar un arma. Aunque lo haga argumentando que, como católica practicante, tengo que respetar aquello de "No matarás", que creo recordar que también iba incluído en el "pack" de los Diez Mandamientos.
Por: Cora . | Así va el mundo... | Comentarios (2) | Referencias (0)
A mí eso de no vender preservativos o negarse a donar sangre me parece una gilipollez, y una acepción radical de lo que es creer en Dios. Las religiones no creo que lleven a alguien superior, si es que existe... Están todas podridas...
El Desviado | 26-09-2005 10:20:12
Como comentaba el otro día en otro blog, no se puede mezclar la velocidad con el tocino: no se puede mezclar creencias con ciencia, o, en este caso, con el deber del farmacéutico o del médico. No vale el que son libres de ser objetores porque su libertad acaba donde empieza la de los demás, y al negarse a vender preservativos están entrando en la libertad del cliente de usarlos.
El problema es que esta gente radical, que es una minoría meapilas y tiralevitas que rechaza la homosexualidad y los anticonceptivos, hace que se generalice a todos los católicos. La mayoría piensan que la jerarquía de la Iglesia está alejada de la sociedad y tiene que abrir los ojos a la realidad. Hay muchas asociaciones católicas que fundan ONGs y realizan labores humanitarias en el 3er Mundo. Y aunque no se diga oficialmente, muchos religiosos potencian el uso del preservativo en África como medida para luchar contra el SIDA. El problema es la jerarquía, gentuza como Rouco o Ratzinguer o esa minoría del Opus que viven anclados en la Edad Media. Porque me encantaría que me dijeran donde habló Jesús en contra de los homosexuales o de los métodos de planificación familiar.
Gianna | 26-09-2005 10:46:44